28 septiembre 2022

La solidaridad de los que menos tienen 

“La solidaridad y la fraternidad son elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana”

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Me pareció muy oportuna esta frase del Papa Francisco para iniciar este texto.

Hoy quiero referirme al tema de la solidaridad, pero no cualquier solidaridad, sino aquella que se da entre los que menos tienen, los más desposeídos, los que se caen de este sistema deshumanizante en que vivimos. Un sistema meritocrático que intenta convencernos de que los ricos llegaron a ese estado porque se esforzaron, porque trabajaron y estudiaron. Y repiten hasta el cansancio que los pobres son los negros, los vagos, los villeros. Y los más pobres se esfuerzan, se esfuerzan y se esfuerzan y siempre están en el mismo lugar.

El lugar de pobres que necesitan los ricos para seguir siéndolo. Y entonces, la solidaridad, esa que hace a nuestra civilización verdaderamente humana, sucede entre los pobres.Son como milagros que nos sacuden y nos llevan a nuestra verdadera esencia: la de seres humanos.

Así, como si nada, nos encontramos con aquella madre con muchos hijos y con un compañero desocupado, compartiendo una caja de leche, o azúcar o pan con su vecina, que también está sin trabajo. No le sobra, claro que no, pero sabe del dolor, de la impotencia, del hambre y de la postergación.

Y sabe, sobre todo, la importancia del compartir. O con ese muchacho que busca una changa y, cuando la encuentra, la comparte con su amigo que también está sin laburo. No son ejemplos abstractos, son personas, son familias de nuestro entorno.

Los canales de televisión nos muestran realidades duras en el conurbano o en la capital, pero sería interesante que apaguemos la tele y caminemos los barrios.

Estoy segura que dejaríamos de mirarnos el ombligo para empezar a construir esa sociedad que nos merecemos todos: una sociedad que construye colectivamente puentes que nos acercan y nos unen; que seamos capaces de aprender de la cultura de los que menos tienen.

Seguramente habrá alguno que dirá que ellos no tienen cultura, porque consideran cultos a aquellos que hoy se deprimen porque no saben dónde poner todo el dinero que les sobra, ese dinero que muchos ganaron con la bicicleta financiera, o con la flexibilización laboral, esa que les permite pagar salarios de miseria y despedir gente, generando más pobres.

Si la historia la cuentan los que ganan, entonces quiere decir que hay otra historia.

Sí, yo la vi y descubrí la enorme humanidad en la solidaridad de los que menos tienen.

Celia Rossi

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