1 septiembre 2026

La carta de Messi: entre el “SIEMPRE” que se aferra y el “GRACIAS” que suelta

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Un análisis grafológico revela las tensiones emocionales detrás de la renuncia de Lionel Messi a la Selección Argentina: entre la firmeza del mensaje y las pausas imperceptibles del trazo, la mano del capitán expone la dificultad de soltar lo que siempre perdura.

Carta de messi jpg

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Por María Ángela Curto
Grafóloga | Estudiante de Perito en Grafología Científica y Forense

Hay despedidas que se escriben para cerrar una etapa. Y hay otras en las que, mientras se escribe, todavía parece quedar algo por decir.

La carta de Lionel Messi tiene algo de eso. A primera vista, son palabras. Pero cuando se observa el grafismo, aparecen pequeños movimientos que acompañan aquello que está contando.

No es solamente lo que dice. Es cómo lo escribe.

La primera hoja concentra la mayor movilización gráfica. Hay más vibración en el trazo, fluctuaciones en la presión y variaciones en el tamaño y la inclinación. Y justamente allí aparece la decisión de retirarse de la Selección, una decisión que él mismo describe como dolorosa.

Lo llamativo es que sucede en sentido inverso a lo que suele observarse: al avanzar la escritura, el control consciente puede disminuir y el grafismo volverse más espontáneo. Aquí ocurre lo contrario. Después de esa primera hoja, el trazo de las siguientes se vuelve más calmo y estable.

Como si ponerlo en palabras también hubiera permitido descargar algo.

La escritura predominante es en imprenta mayúscula, legible y simplificada. Se asocia con una búsqueda de claridad, seguridad y franqueza. Los espacios entre letras y palabras se vinculan con pausas de reflexión y elaboración. La inclinación hacia la derecha se interpreta como una disposición hacia el contacto y el vínculo con los demás.

Pero la carta empieza a hablar con mayor fuerza cuando uno se detiene en las frases.

“Sé que dolió y duele en el alma, pero…”

Y ahí el trazo se interrumpe.

Aparece una tachadura. Después, continúa: “entiendo que es el momento”.

Es un pequeño titubeo gráfico dentro de una de las frases más cargadas de la carta. La escritura se detiene justamente antes de continuar hacia una aceptación. El discurso sigue, pero el trazo dejó registrada esa pausa.

La mano duda un instante. La frase continúa.

Más adelante aparece otra palabra que obliga a detener la mirada:

“DIFÍCIL”.

Es más grande que el resto y adquiere una fuerza propia. En una escritura que, en general, mantiene un tamaño bastante controlado, esa palabra parece levantar la voz.

Y después aparece una expresión especialmente reveladora:

“BANCANDO SIEMPRE”.

Pero el detalle está en una sola palabra.

“SIEMPRE” comienza pequeña y va creciendo progresivamente. Es una escritura creciente: las letras aumentan de tamaño a medida que avanzan, como si la palabra fuera tomando fuerza mientras se escribe.

Y justamente “SIEMPRE” se repite a lo largo de la carta.

Una palabra que habla de permanencia, continuidad y aquello que permanece aun cuando una etapa termina.

El “siempre” insiste.

Y, en esa expresión, también crece.

Hay otra palabra que vuelve una y otra vez:

“GRACIAS”.

Si “siempre” habla de aquello que permanece, “gracias” habla de aquello que se reconoce. Y hacia el núcleo familiar aparece un cambio de presión: el trazo se afloja.

Es un contraste sutil, pero poderoso.

El “SIEMPRE” se aferra.
El “GRACIAS” suelta.

La carta también deja otras pequeñas señales.

Hay terminaciones aceradas, formas angulares y triangulares en algunas letras y barras de las “T” que ascienden. Son detalles que refuerzan una escritura de firmeza, resistencia, voluntad y empuje.

Y hay una “O” que llama especialmente la atención.

En “POCO”, el óvalo presenta una concentración de tinta en su interior que lo tapa, lo ciega. En grafología se reconoce como óvalo cegado. Se lee como un signo de lo que queda guardado, no dicho, algo que se oculta o se protege en la esfera afectiva. Algunas escuelas lo vinculan con reserva, con lo íntimo que no se expone y, en lo más simbólico, con el peso de lo familiar.

También hay algo que no pertenece estrictamente a la grafología, pero que resulta imposible no registrar: el soporte.

Una carta de semejante dimensión simbólica aparece sobre un soporte sencillo, cotidiano, sin una puesta en escena solemne. Hay algo de humildad en esa elección que contrasta con la magnitud del mensaje.

Y al final aparece, quizás, uno de los detalles más silenciosos.

No hay firma.

La carta termina sin ese gesto que habitualmente cierra el escrito.

Desde la lectura de Sandra Cerro y Max Pulver que tomamos como referencia, la ausencia de cierre deja el acto en suspenso: no hay una despedida completamente clausurada.

Y entonces la carta puede volver a mirarse desde el principio.

La primera hoja, más movilizada.

La frase en la que el trazo se detiene.

“DIFÍCIL”, más grande que el resto.

“SIEMPRE”, que se repite y que crece dentro de una misma palabra.

“GRACIAS”, que se repite, con una presión que cambia cuando llega a lo más íntimo.

Una “O” en “POCO” con un óvalo cegado.

Y una carta que, finalmente, no firma.

Quizás por eso el verdadero interés de este escrito no esté solamente en lo que Messi quiso decir.

Está también en todo aquello que la mano fue dejando mientras lo decía.

Porque las palabras cuentan la despedida.

El trazo cuenta cómo se atraviesa.

Y entre ambos queda una tensión difícil de ignorar:

el “SIEMPRE” que se aferra
y el “GRACIAS” que suelta.